Saltear al contenido principal

Maíz

TENDENCIA

50 años de programas sexenales de alimentación fallidos

El coordinador del Programa Universitario de Alimentos de la UNAM, Carlos Labastida Villegas, alerta sobre la inexistencia de una política alimentaria nacional. En estas condiciones será mucho más complicado enfrentar futuras pandemias.

En el último medio siglo, en México, no ha habido una política alimentaria eficiente. Esto lo testifica Carlos Labastida Villegas, coordinador del Programa Universitario de Alimentos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien desde hace 39 años ha sido testigo directo de ese fracaso histórico, que él reseña con precisión.

El tamaño de esa omisión es preocupante. “La alimentación es un asunto de seguridad nacional”, dice. “Es una necesidad básica. La autoridad estatal y federal debe asegurar una oferta suficiente y adecuada de alimentos para la población”.

Desde 1982, cuando se integró al Programa Universitario de Alimentos, y hasta la fecha, Labastida Villegas ha laborado en diferentes áreas de investigación dentro la universidad. En su actual cargo, el 16 de marzo pasado cumplió cinco años.

“Hay cambios por épocas, pero ninguna administración ha podido diseñar un programa alimentario integral que atienda esa necesidad esencial para la sociedad”. Cuenta que en el sexenio de Luis Echeverría se hicieron los planteamientos de una política alimentaria pero no hubo avances. Después vino José López Portillo que creó el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), “la opción más refinada que hemos tenido hasta el momento”. El SAM utilizó un enfoque de sistemas y analizó toda la cadena alimentaria desde la producción hasta el consumo, pero no tuvo recursos para mantenerlo en operación.

Luego llegó Miguel de la Madrid, que estableció un Programa Nacional de Alimentación, pero sólo quedó en “un cuadernillo verde de aproximadamente 60 páginas y tampoco tuvo recursos suficientes”. Carlos Salinas presentó un Programa Nacional de Alimentación. Tampoco concretó nada.

En 1997, Ernesto Zedillo presentó su política social Progresa, que sumó programas de salud, alimentación y educación. “Era una política social que atendía el rezago económico, pero se desdibujó la política alimentaria y pasó a ser una social”, refiere el investigador. Fox y Calderón siguieron en la misma línea y Enrique Peña Nieto, implementó su Cruzada contra el hambre, que en seis años combatió la carencia alimentaria del país en solamente 0.1%.

“Y ahora tampoco la hay. No se ve y creo que tampoco será factible que este gobierno la establezca en los años que le restan al sexenio”, pronostica el investigador.

Carlos Labastida Villegas 1

Detrás del hambre y la desnutrición está el interés económico

“El hecho de que exista hambre no quiere decir que no haya alimentos. Existe hambre porque la gente no tiene los suficientes recursos para comprar alimentos”, comenta Labastida parafraseando a Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998. Remata diciendo que ello es una distorsión propia de la política, “por eso la pobreza es uno de los futuros que se tienen que entender y atender a la brevedad posible”.

No existen políticas públicas adecuadas para erradicar el hambre y la desnutrición en el país, que por cierto, es el décimo productor de alimentos en el mundo, de acuerdo con el documento “Perspectivas agroalimentarias 2021”, del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.

El investigador identifica que los gobiernos anteriores han hecho poco en este sentido y no han avanzado por razones principalmente económicas. El presupuesto se destina a otras acciones y “no se ha considerado a la alimentación como una razón de Estado”, cuando el abasto y la suficiencia alimentaria lo deberían ser.

Ese es otro rasgo de la trascendencia de una política alimentaria, el punto en el que convergen política, economía, prospectiva, agricultura, medio ambiente, investigación y ciencia, por citar algunas especialidades.

“Hoy en 2021, no veo que exista una política alimentaria nacional integral y coordinada, en la que se revise el pasado y el presente para diseñar un futuro deseable”, sentencia.

obesidad

La obesidad en México empeoró con la pandemia

Con una adecuada política alimentaria se hubieran previsto acciones para combatir la epidemia de obesidad y sobrepeso que hoy aqueja al país. El investigador comenta que, en 2016, el gobierno emitió dos alertas sobre la epidemia de sobrepeso y obesidad, pero no una proyección a futuro para combatirla.

“No la hubo antes y tampoco ahora. Hay que mover toda una estructura de gobierno, productores, iniciativa privada… debe ser una política de estado que siente las bases para su operación transexenal”.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el país de Latinoamérica con mayor tasa de sobrepeso y obesidad. Aproximadamente, uno de cada tres adultos tiene alguno de esos padecimientos. No sólo eso, el mismo organismo (que sí hace estudios a futuro) pronostica que en 2030 el 40% de los mexicanos será obeso.

Esa situación que se agravó con la pandemia, el estudio “Actions & Interverventions for weigh loss“, de la investigadora de mercados Ipsos, estima que en promedio cada adulto subió 8.5 kilos, el país se colocó a la cabeza del ranking superando a naciones como Argentina y Perú.

En enero del año pasado, la OCDE presentó el estudio: “La Pesada Carga de la Obesidad: La Economía de la Prevención”, en donde presenta una radiografía futura de la epidemia de sobrepeso y obesidad que enfrenta el país. Ahí se destaca que cerca del 73% de la población mexicana padece sobrepeso (en comparación con una quinta parte de la población en 1996).

De acuerdo con las proyecciones del organismo, las enfermedades relacionadas con el sobrepeso reducirán la esperanza de vida en México en más de cuatro años durante los próximos 30. Esos altos índices ya repercuten en el desempeño económico del país, porque reducirán la fuerza laboral en 2.4 millones de trabajadores de tiempo completo por año. Se estima que entre 2020 y 2050 se invertirá 8.9% del gasto en salud para tratar dichos padecimientos. Esa cifra le restará al PIB mexicano 5.3 puntos porcentuales.

En resumen: México es el país en donde la obesidad y el sobrepeso tendrán más impacto en los siguientes 30 años. La OCDE advierte que el principal foco de atención debe ser el alto crecimiento de la obesidad infantil. El documento indica que esta “se ha duplicado de 7.5% en 1996, a 15% en 2016”.

Los años pasan y la situación se agrava, datos de La Encuesta de Salud y Nutrición en niñas y niños menores de 12 años durante la pandemia (ENSARS-CoV-2), aplicada por el Instituto Nacional de Salud Pública, presenta un panorama preocupante. El confinamiento ha provocado que el 47% de los niños de esa edad subiera de peso. Entre las razones están que 9 de cada 10 consume grasas saturadas al menos cuatro días a la semana, y 4 de cada 5 niños (81.9%) no hace ningún tipo de actividad física.

Sobre el futuro del país y la ausencia de una política alimentaria, Labastida se muestra optimista, dice que sí hay solución pero hay que iniciar ya. Advierte que no será inmediata, pero se necesita una hoja de ruta porque el 2030 y el 2050 van a llegar.

“Lo importante”, recomienda, “es proteger la agricultura, que la gente reciba un pago justo y adecuado. Estamos avisados de que podrían venir más pandemias, tenemos un ecosistema frágil, si no hay biodiversidad no hay futuro, en estas condiciones será mucho más complicado enfrentarlas. Hay que empezar ya”, puntualiza.

Etiquetas

AlimentosConsumocoronavirusFuturoMéxicotendencias
Goula Banner Dez 2022 02

CONTINÚA LEYENDO

Volver arriba